ELN Reflexiones sobre su Historia e Identidad
El Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia, nacido en 1964, próximo a cumplir medio siglo de lucha antiimperialista y antioligárquica, no se pertenece a sí mismo, constituye un patrimonio del pueblo latinoamericano y de todos los luchadores anti capitalistas del mundo. Estas reflexiones sobre las luchas del pueblo colombiano y en particular sobre las del ELN, como organización insurgente, tienen el propósito de racionalizar enseñanzas, hasta donde la madurez actual lo hace posible. Se hacen con el espíritu de aprender de tales luchas y así aportar e iluminar las batallas por el socialismo, la democracia, la paz y la libertad, que se siguen librando.
Como memoria colectiva de este componente Rojo y Negro de la resistencia antiimperialista, estas reflexiones son una obra inacabada, abierta a recibir los aportes críticos que se le quieran hacer.
En términos de método, en esta reflexión histórica se busca sintetizar la memoria y las raíces del ELN, como patrimonio insurgente, a la vez que se señalan algunos elementos que ha cambiado de su accionar tradicional, dentro de su esfuerzo por corregir errores y por adaptarse a la actual correlación de fuerzas mundial.
El Mundo de los Años
Sesenta

Entre tantos factores que determinaron en los años sesenta del siglo anterior, el surgimiento y desarrollo de las guerrillas revolucionarias en Colombia, se encuentran cuatro de mayor peso:
* La consolidación del llamado Campo socialista, conformado por países de casi todos los continentes.
* La generalización de las luchas por la descolonización y la liberación de los países de Asia y África.
* La crisis del imperialismo y su reacción a través de la contrainsurgencia.
* El pacto excluyente del ‘Frente Nacional', antecedido por la dictadura militar de los años 53 al 57, con el que la oligarquía colombiana dio termino a la guerra civil denominada como, La Violencia.
Una vez concluyó la Segunda guerra mundial (1939-1945), el imperialismo norteamericano se propuso constituirse como el dueño indiscutido de América Latina, su mal llamado ‘patio trasero'.
El triunfo revolucionario permitió que creciera el número de países, en los que se construía el socialismo, entre ellos, los de Europa oriental (1945), China (1949), Vietnam (1945-1953), Corea (1954) y Cuba (1959).
Al tiempo muchos países sometidos, unos rompieron sus lazos de dependencia y otros tomaron distancia con las potencias colonialistas. Gran parte de ellos se conformaron como el Movimiento de los No alineados (NOAL), en la Conferencia de Bandung (1956), para desarrollarse aparte del imperialismo y de las potencias socialistas.
El modelo de la Unión Soviética de coexistencia pacífica entre el socialismo y el capitalismo, fue criticado por la República Popular China, en un debate que partió en dos al campo socialista desde 1956 y que llegó hasta el enfrentamiento armado, entre las dos potencias socialistas. Mal ejemplo de división, disputa y agresión, que se propagó desde entonces entre todos los revolucionarios del mundo.
Para la década de los años sesenta, el imperialismo debilitado sufría una severa crisis, que muchos clasificaban como de carácter estructural y definitivo, por lo que le apostaban a crear unas condiciones subjetivas revolucionarias, que permitieran empujarlo y tumbarlo, en un tiempo corto.
Esta década de efervescencia de luchas revolucionarias logró dar un remezón fuerte al capitalismo, incluso al interior de Europa y América del norte. En los EEUU florecieron las luchas contra la agresión a Vietnam, contra la discriminación a los negros y a las mujeres, etc. En Europa, las luchas de mayo del 68, afirmó el compromiso de los intelectuales con los explotados y los pueblos oprimidos. En América Latina surgieron importantes movimientos de masas y organizaciones guerrilleras tanto urbanas como rurales, que le dieron grandes batallas al imperialismo.
En reacción a las luchas populares y revolucionarias, el imperialismo se lanzó de cabeza a desarrollar la contrainsurgencia, en especial desde 1962, cuando intensificó la guerra contra el pueblo de Vietnam y amplió su intervención militar en todo el planeta, en especial en la América Latina desarrolló su doctrina de Seguridad Nacional, de la que hacía parte el plan LASO (Latín América Security Operation).
Los EEUU invadieron a la República Dominicana en 1965 y en agosto de este mismo año prepararon la invasión de Colombia, para sofocar las luchas populares, que tenían arrinconado al presidente de turno, según se conoce ahora, que el Departamento de Estado de los EEUU, desclasificó los archivos de su embajador en Bogotá, en ese entonces.
Antes, la conspiración imperialista en el continente había derrotado a la revolución guatemalteca en el año de 1954 y al intento de revolución en Bolivia, en el año de 1952.
En Colombia en el año 48 asesinaron al líder, Jorge Eliécer Gaitán, con lo que se desató un gran levantamiento popular en casi todo el país, especialmente en Bogotá y Barrancabermeja, que dio inicio a la guerra civil, en la que las guerrillas liberales se hicieron fuertes en todo el país, especialmente en los llanos fronterizos con Venezuela.
Los Estados Unidos apoyaron al gobierno oligárquico de Colombia con arsenal sobrante de la Segunda Guerra Mundial y con asesoría militar, lo cual provoco el genocidio de 300.000 personas, principalmente campesinos.
Ante la respuesta popular insurgente la oligarquía de los partidos conservador y liberal, decidieron terminar esta guerra mediante un golpe de estado oligárquico, comandado por el general Gustavo Rojas Pinilla, quien llamó a los insurgentes a la desmovilización, política que tuvo acogida en la mayoría de las guerrillas liberales. Posteriormente esa misma oligarquía, junto a sectores populares quitaron al dictador y en el año 58 liberales y conservadores acordaron turnarse en la presidencia, excluyendo de tajo a otras opciones políticas. Pacto al que llamaron ‘Frente Nacional'.
Muchos guerrilleros no se desmovilizaron, previendo la maniobra oligárquica y la continuación de la violencia por parte de las fuerzas estatales, que en efecto no se detuvo y desembocó incluso en el asesinato del principal líder insurgente desmovilizado: el llanero Guadalupe Salcedo.
Los insurgentes no desmovilizados se fortalecieron y multiplicaron nuevamente, en el centro y sur del país, y en menor medida en el norte. Estos fueron los soportes para la aparición de la nueva generación de organizaciones insurgentes, las que por primera vez, tuvieron un sello de clase popular. Así surgieron las FARC y el ELN en 1964 y el EPL, en 1967.
En la fundación del primer núcleo del ELN en el nororiente del país, participaron varios ex guerrilleros liberales, como Hernán Moreno, Domingo Leal, Jorge Gonzáles y Luís José Solano Sepúlveda.
Del lado de las luchas populares, a principios de la década de los sesenta, había surgido el Sindicalismo Independiente, que tomó distancia de la oligarquía y los patronos, hecho de gran importancia que desató innumerables luchas, entre ellas, las de los obreros por la nacionalización de los recursos petroleros.
Toda la década también fue de intensas luchas magisteriales, estudiantiles y varios paros nacionales, que fueron acompañadas por los cristianos revolucionarios, quienes desde esa época, hicieron su opción de lucha junto a los más pobres.
El debate entre los revolucionarios había partido las fuerzas entre varias líneas, una de influencia soviética, otra influida por China, la Trotskista y la naciente, Guevarista. Los temas críticos de debate giraban alrededor de la valoración de las luchas legales de las masas y de la prioridad dada a la fuerza armada de la guerrilla, como medio de lucha revolucionaria.
En medio de este debate político, se fracturó al Partido Comunista (PC) en 1965 y de allí nació el PC marxista leninista, del que dos años más tarde surgió el EPL.
Dentro del florecimiento guerrillero, ocurrido en toda América Latina, además de los dos tipos de organización antes mencionados, surgieron bajo el influjo de la revolución cubana, otras guerrillas con un acento latinoamericano, de insignia Roja y Negra, como el ELN.
Los Cinco Momentos
El batallar del ELN en este medio siglo, ha pasado por cinco grandes momentos: la fundación, la primera crisis, el auge, la segunda crisis y la reafirmación actual.
La Fundación

Mientras las FARC nacen en el sur del país, el ELN nace y se desarrolla fundamentalmente al nororiente de Colombia y desde los inicios nos planteamos un no alineamiento con ninguno de los modelos socialistas.
Con la toma militar del municipio de Simacota, el 7 de enero de 1965, el ELN dio a conocer su Proclama democrática y popular ante los colombianos, la cual no contenía el discurso marxista tradicional, llamaba a la lucha del pueblo, pero privilegiaba excesivamente la lucha armada como medio revolucionario.
En nuestro surgimiento estuvimos alejados de los centros urbanos y en cuanto al trabajo con las masas, si bien lo realizamos, este se entendía principalmente en función del apoyo a la guerrilla y poco, como una dinámica propia a desarrollar. Nuestros esfuerzos militares fueron muy grandes en relación con el papel que pudo jugar el pueblo.
En las luchas de obreros y campesinos en contra de las multinacionales del petróleo, de los universitarios y de antiguos integrantes de las guerrillas liberales, se templaron inicialmente los fundadores del ELN, en las zonas rurales del valle medio del río Magdalena y en ciudades como Bogotá, Bucaramanga y Barrancabermeja. Varios de ellos habían conformado la Brigada José Antonio Galán desde 1962, momento desde el cual, estuvieron en Cuba asimilando experiencias de lucha. Con estos pioneros se hizo la Primera Marcha guerrillera del 4 de julio de 1964, con la que se fundó el ELN.
Dentro de las luchas populares de 1965, se destacó el sacerdote y sociólogo Camilo Torres Restrepo, quien llamó a la unidad del pueblo por la base, hacia la toma del poder, para así realizar un amplio programa de transformaciones nacionalistas y democráticas. Al convertirse en una amenaza para el régimen, la oligarquía planeó asesinarlo, como a Gaitán. Dada su militancia en el ELN, Camilo se incorporó a la guerrilla rural en octubre de 1965 y murió en combate en Patio Cemento, Santander, el 15 de febrero de 1966.
En dos sentidos fue trascendental la incorporación de Camilo a la guerrilla, por un lado resguardado de la represión enemiga le permitió darle continuidad desde allí a su liderazgo de masas.
Era inconcebible para él, estando asediado por la conspiración oligárquica, no incorporarse a la guerrilla, en una prueba irrefutable de su gran convicción y compromiso revolucionario. Así lo entendieron las clases populares, ante las cuales su prestigio se consolidó por su incorporación al ELN.
De otra parte le posibilitó a la guerrilla nutrirse de una persona de las inmensas calidades humanas, como las de Camilo y de su ejemplar conducta como guerrillero. También era inconcebible para Camilo, no ir al combate para recuperar su arma de guerra, como cualquier otro guerrillero, hecho en el que perdió su vida.
En estas dos dimensiones de Camilo, como líder de masas y como guerrillero integral se cristaliza su gran estatura humanista, cristiana, intelectual y revolucionaria, que trasciende al ELN y lo convierte en un referente para todos los revolucionarios y pueblos de América Latina.
Con la incorporación del comandante Camilo entró en decadencia el Frente Unido, en el que se habían congregado todos los movimientos de izquierda y de oposición existentes en ese momento. Debilitando así la posibilidad de mantener el nexo del movimiento político de masas, con la lucha guerrillera.
Es tan valioso el dirigente popular que se incorpora a la guerrilla, para resguardarse y darle continuidad desde allí a su liderazgo de masas; como el que arriesga su vida a diario, con el propósito de seguir encabezando en directo las luchas del pueblo. En ambos casos, lo estratégico está en saber garantizar el nexo de la insurgencia con las luchas políticas amplias.
El vínculo indestructible entre lucha política popular y lucha armada, se logra con la valoración que hace la insurgencia de la fuerza política de masas, como medio principal para lograr el poder para el pueblo.
Si el comandante Camilo no se hubiese incorporado a la guerrilla rural, seguramente habría avanzado la integración entre la lucha política amplia y la guerrillera. Y si no hubiera caído en el combate de Patio Cemento, también la organización habría avanzado, en una visión más integrada entre las luchas populares y las de la guerrilla.
Es evidente, que la lucha social y política de las masas parió a la lucha armada revolucionaria, pero esta una vez aprendió a andar, la desconoció.
El costo de esta ‘negación de la madre', la pagó al ELN al caer en el círculo vicioso del accionar defensivo y rutinario, que le impusieron los cercos contrainsurgentes que le lanzaron el imperialismo y la oligarquía, desde su nacimiento.
Al proponerse crecer sólo como organización guerrillera y no como fuerza popular, el ELN se aisló de la vida del país y coincidió con el propósito contrainsurgente que busca aislar a la guerrilla del pueblo.
En 1967 afloró el debate político al interior del ELN, sobre el trabajo político con el pueblo y su articulación con la lucha armada. El cual degeneró en asesinatos, un consejo de guerra, desconfianzas y fusilamientos. Era muy complejo desarrollar un debate con condiciones democráticas, en una organización pequeña, naciente, asediada y obligada por las circunstancias a adoptar una línea de mando esencialmente militar.
Fue un factor de desgaste en este momento, el arraigado sectarismo y grupismo que enredó los debates de la izquierda armada y no armada, y que terminaron casi siempre en lucha intestina, en la que por lo general se clasificó al oponente, como agente enemigo infiltrado en la revolución y al servicio de la CIA, con lo que se justificaba su penalización y agresión.
En los desdichados episodios de 1967 incidieron como factores detonantes, las contradicciones políticas, las costumbres de grupismo y sectarismo, además de los errores personales.
La Primera Crisis

En la zona comprendida entre los ríos Carare y Opón, en Santander, crecieron y se multiplicaron los grupos guerrilleros del ELN, a partir de 1968, allí es que se realizaron acciones de resonancia internacional, como el asalto al tren pagador, en Las Montoyas, al que asistió un periodista mexicano, reportero de la revista Sucesos.
Los comandos urbanos se especializaron en apoyo logístico, la realización de algunas acciones militares en las ciudades y la publicación del periódico Insurrección. Fue golpeada esta estructura urbana y detenidos más de 200 personas en 1972, cuando al primer mando del ELN, el ejército gubernamental, en un combate le arrebató los archivos con la información de la militancia urbana, de toda Colombia.
La publicación de la revista Simacota, entre los años 71 y 72, fue de gran aporte para difundir el pensamiento del ELN, sobre las luchas en Colombia y el continente.
El cruce hacia el nordeste de Antioquia del comandante Manuel Vásquez, abrió otro flanco de crecimiento y operatividad, que se fue proyectando hacia la conformación como batallón guerrillero, el que logró su tope de accionar, en 1972, con las tomas simultáneas de las poblaciones de Remedios, Santa Isabel y Otú.
Es contra este desarrollo guerrillero, que el régimen lanzó la nombrada Operación Anorí en 1973, en el municipio de Anorí, departamento de Antioquia, en la que fue casi aniquilada una columna de cerca de cien combatientes. Derrota en la que se sumaron el desconocimiento del terreno y el escaso trabajo político con la población de esa zona.
Pese a la derrota militar en Anorí, el ejemplo de heroísmo de los que allí cayeron, influyó a la juventud y sembró en ella semillas de lucha radical, consecuencia, altruismo, entrega y mística revolucionaria.
Con la caída en combate de Manuel y Antonio Vásquez, la deserción de Ricardo Lara y la salida del país, del primer mando, ocurrió el desvertebramiento del Estado Mayor del ELN, entre los años 73 y 74. Agravó esta debilidad, la pérdida de varios cuadros valiosos, como Luís José Solano, Domingo Laín e Isidro, lo que sumió al ELN en una aguda crisis, que propulsó un debate interno sobre sus causas y sobre la mejor manera para superarla.
Los temas críticos de debate se centraron en la armonía entre lucha de masas y lucha guerrillera, la democracia interna y la dirección colectiva.
Simultáneamente, la contrainsurgencia imperialista azotó al continente con el golpe en Chile en 1973 y la imposición de dictaduras militares, en todo el Cono Sur. Por otro lado, en el año 75, el pueblo vietnamita consolida su triunfo y obliga al imperio norteamericano a abandonar su país. Por su parte el pueblo nicaragüense, también derrota la dictadura de Somoza en el año 79, con el liderazgo del Frente Sandinista de Liberación Nacional.
Entre tanto, el movimiento popular colombiano vivía un vigoroso periodo de luchas, iniciado en 1971 con las tomas de tierras por parte de los campesinos, las luchas de los obreros petroleros y de los estudiantes de las universidades. También estaba en pleno auge el movimiento de la Alianza Nacional Popular (ANAPO), que capitalizó electoralmente el flujo de masas y ganó las elecciones de 1970, que les fueron arrebatadas con el fraude.
En este auge de luchas nació en 1974, la cuarta organización guerrillera colombiana, el Movimiento 19 de abril (M19), con un acento más urbano. En esta fuerza naciente, confluyeron agrupamientos provenientes de las otras guerrillas.
El auge del movimiento popular impuso en la izquierda colombiana el debate sobre la lucha rural y la urbana, la lucha legal y la armada. En medio de este debate se produjeron fracciones en el PC marxista leninista y otra en las FARC.
En el ELN surgió en 1975, la tendencia llamada Replanteamiento, propugnaba porque se priorizara la lucha amplia de masas, dedicar a ella a la organización en ese momento, para luego retornar a la lucha armada. De esta tendencia una parte se marginó y la otra retomó la militancia.
Con la implantación del Estatuto de seguridad en 1978, el régimen aplastó el auge popular de esta década, que logró su tope más alto en 1977, con las huelgas de los trabajadores petroleros, del magisterio y el Paro cívico nacional del 14 septiembre.
Al interior del ELN, mientras tanto seguía la búsqueda por encontrarle salidas a la crisis, que tuvo espacios importantes en los eventos realizados en el 77 y 78, que crearon organismos de coordinación, con los que se buscó colocarle cabeza de nuevo al ELN.
El de más ingrata recordación fue la autodenominada Comisión de Coordinación Nacional, que desmontó el frente guerrillero localizado en la Serranía de San Lucas, en 1978. Su pretensión era convertir al ELN, en un agregado más del movimiento electoral de izquierda, llamado Firmes.
Antes de la Operación Anorí, el ELN alcanzó a tener más de 400 guerrilleros rurales activos y a fines de la década, sólo quedaron el diez por ciento de ellos, agrupados en dos Frentes rurales. En cambio, en las ciudades, la crisis no fue tan intensa y más bien, desde los Frentes urbanos del ELN, brotaron fuerzas nuevas que aportaron al auge de los años 80.
La Dirección Nacional Provisional (DNP) creada en el 78, logró reunir y coordinar a los frentes rurales y urbanos del ELN. Para movilizar a la militancia en ese esfuerzo, levantaron esta consigna, que aún hoy conserva plena vigencia:
“Reconstruyamos el ELN, al calor de la lucha armada, de la lucha de clases y de la lucha de masas”.
De la mano de las luchas y del movimiento de masas, tanto urbanas como rurales, se iba reconstituyendo el ELN, al cual, el gobierno colombiano consideraba acabado. Casi en silencio se iban construyendo y reconstruyendo las estructuras urbanas y los frentes rurales. Al tiempo se iba dando la centralización del ELN, en una conducción colectiva y por medio de la lucha político ideológica al interior, lo que permitió la reflexión y la autocrítica, sin desconocer el papel de la lucha armada, se planteó el impulso de la organización, la lucha de masas y el trabajo en las ciudades.
El Auge

El ELN terminó de estabilizar su conducción colectiva con la conformación de la Dirección Nacional en 1982, cuya principal misión consistió en crear condiciones para la realización de la Primera Reunión Nacional del 83. Proceso centralizador que se afianza en el Primer Congreso del 86 y en el Segundo Congreso del 89, así como en múltiples eventos formativos, en los que se proyectaron y asimilaron planes de crecimiento, campañas militares y un salto militar a partir del 86, junto a la potenciación de la protesta social que condujo a un desarrollo importante del ELN en los años 80; de estas ultimas se destacaron las grandes movilizaciones impulsadas en el 87 y el 88.
Fue de especial importancia para el ELN el desarrollo de la política unitaria, visión en la que tuvimos como guía y maestro a Camilo y como gran difusor a Manuel Pérez Martines, sobre todo a partir de 1984 cuando creó la Trilateral junto al Movimiento de Integración Revolucionaria (MIR-Patria Libre) y al Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) Originado por este proceso, a mediados de 1987, como salto importante ocurrió la Fusión con el MIR, bajo el nombre de Unión Camilista ELN.
Este proceso tuvo dificultades, la metodología para la unidad fue incompleta, faltaron etapas intermedias. La voluntad unitaria no fue plena y las costumbres frente a la unidad y la convivencia no lograron remontar las tendencias grupistas, que afectaron el proceso unitario.
En 1991, cuando se desprendió la Corriente de Renovación Socialista (CRS), se pudo constatar que el agrupamiento disidente, no fue el mismo que ingresó con el MIR, pues la CRS involucró a compañeros tanto del MIR, como del ELN.
En los 80 se desarrollaron varios crecimientos comunes en la insurgencia, generados por la iniciativa política, las FARC y el EPL en términos de diálogo con el gobierno y el ELN, al dedicarse a impulsar el movimiento de masas, la unidad popular y la protesta social, con diversas propuestas políticas, como la Asamblea Nacional Popular, la Defensa de los recursos naturales y la Humanización de la guerra. Así mismo, las tres lograron estabilizar sus direcciones, y además encontraron fuentes de finanzas, que les permitió proyectar su desarrollo, hasta cubrir todo el territorio nacional. Su coincidencia con las luchas populares, sus propuestas políticas, la estabilidad de la conducción guerrillera y las fuentes de finanzas, llevaron a que esta década fuera la de mayor ascenso y expansión territorial de la insurgencia colombiana.
La legitimidad insurgente y su simpatía dentro del pueblo creció en esta década, gracias a sus innovaciones en la lucha de opinión, el Diálogo Nacional y la solución política, también por la articulación de intereses lograda entre la lucha política popular y el movimiento guerrillero, y por la firmeza demostrada ante el amago de ‘revolución pacífica', que significó la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) de 1991.
Como fruto de los Acuerdos de tregua de La Uribe entre las FARC y el gobierno de Belisario Betancur (1982-1986), surgió la Unión Patriótica. Por otro lado, con el auge de las protestas de masas se crearon el Frente Popular y A Luchar. Estos tres agrupamientos opositores dinamizaron el ascenso político de las luchas populares.
Los hitos de las luchas populares de está década, fueron los Paros Nacionales del 20 de junio de 1985, como tope más alto de beligerancia popular y el del 18 de octubre de 1988, que marcó el declive de este flujo de luchas. La conformación de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y de la Coordinadora Nacional de Movimientos Cívicos (CNMC), fueron medios valiosos para la conducción de este auge.
En medio del Paro Nacional del 85 nació la Coordinadora Nacional Guerrillera (CNG), que reunió al EPL, M19, ELN, PRT, MIR/PL, Quintín Lame (QL) y Ricardo Franco (RF); desde donde se abordó un plan único de lucha que incluyó entre otros frentes, el abrir espacio internacional para el proyecto insurgente. En 1987 nació la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar (CGSB), que contó con la participación de las FARC.
El auge insurgente se dimensionó con los acuerdos de la Primera Cumbre de Comandantes, de 1990, que permitió a la CGSB sortear con éxito la estrategia de Guerra integral del presidente Gaviria (1990-1994), confrontando la desmovilización de parte de la insurgencia. Esta desmovilización afectó a la mayoría del EPL, al M19, PRT, QL ocurrida en el año 91. Y a la CRS, desmovilizada meses más tarde de haberse escindido del ELN.
La CGSB respondió con propuestas a la cooptación que pretendió hacer el régimen, con la Constituyente del 91 y con ofensivas nacionales a las agresiones militares, como la del bombardeo a Casa verde, sede del secretariado de las FARC, perpetrada en diciembre del 90. Las ofensivas militares nacionales de la CGSB del 91, acompañaron las Rondas de diálogo conjuntas de Caracas y Tlaxcala, México.
El acierto que significó la articulación entre la lucha popular y la guerrillera en esta década, se condensa en la materialización de las consignas sobre autogestión popular y el liderazgo revolucionario, pero también produjo desgastes en el movimiento de masas y en la efectividad de las directrices de la vanguardia insurgente. Los errores más notables, fueron:
* La ingerencia insurgente limitó las posibilidades de autonomía del movimiento político de izquierda.
* La prolongación del esfuerzo de las masas en sus luchas, produjeron agotamiento en varios sectores populares.
* La focalización de los esfuerzos de lucha en algunos sectores de masas, tanto urbanos como rurales, facilitó la agresión represiva que desató la oligarquía contra ellos, desde finales de los años 80.
* Exagerar el acento militar de las milicias urbanas y su desarrollo aislado de las luchas sociales y políticas de las comunidades.
Ante el auge de las luchas del pueblo colombiano, la respuesta imperialista y oligárquica, fue un arma de doble filo, por un lado desencadenó el terrorismo de Estado, mientras que por el otro, trató de cooptar a los líderes y movimientos populares más destacados.
La centenaria intolerancia de las elites, aliada a la contrainsurgencia imperialista castigó con el genocidio, a la oposición y a los revolucionarios colombianos. Para ello, potenciaron los escuadrones paramilitares de las mafias de la cocaína, hasta convertirlos en el ejército ilegal que ahora, dos décadas después, están premiando con la legalización de sus narco dólares y el lavado de sus crímenes.
Con la Constituyente del 91 lograron cooptar a buena parte del movimiento guerrillero que se desmovilizó. Además, lograron canalizar parte del auge popular, introduciendo varias reformas al Estado, como la Elección Popular de Alcaldes, medida con la que prácticamente institucionalizaron algunos movimientos, entre ellos, el cívico.
De esta forma, la derrota golpeó al movimiento popular, quien fue descabezado por medio de la guerra sucia. A partir del 88 se multiplicaron las masacres en contra de las zonas y sectores revolucionarios y de la oposición. Así lograron cortar el ascenso de las luchas y controlar cualquier posibilidad de hacer cambios por la vía de las luchas gremial y política. Además de dejarles el camino despejado para imponer el plan neoliberal.
En la campaña electoral de finales del 89 y principios del 90 se disparó la barbarie anti popular y anti democrática; en ella fueron asesinados los candidatos presidenciales Luís Carlos Galán, Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo. También fue asesinado, luego de desmovilizarse en el año 91, Carlos Pizarro, el candidato presidencial del M19. Antes en el 83, murió víctima de un accidente, Jaime Bateman, el primer mando del M19. Así mismo, fueron asesinados Oscar William Calvo del PCML, Ernesto Rojas del EPL y Álvaro Fayad del M19, en el 87.
La Segunda Crisis

La década de los 90 somete a la insurgencia colombiana a dos grandes presiones negativas: la situación contrarrevolucionaria mundial y la derrota del movimiento popular en el país. En este contexto se desarrolla el auge militar de las FARC, este momento de crisis del ELN y los intentos por darle continuidad al proyecto PCML/EPL; con la limitación que desde el año 93 los tres procesos se desarrollaron aislados.
En el contexto internacional se produjo el colapso del Socialismo en Europa del Este y la Unión Soviética. Se desarrollaron los procesos de negociación con los movimientos guerrilleros de El Salvador y Guatemala, que terminaron en su desmovilización y el inicio de una fase de lucha política, simultáneamente el Frente Sandinista de Liberación Nacional perdió el gobierno en el año 90.
La guerra impulsada por el imperialismo en Centroamérica, produjo la muerte de 200.000 personas, en un poco más de 10 años. En el 89 los marines gringos invadieron a Panamá. De esta forma se configuró una situación muy desfavorable para el movimiento revolucionario.
Los pueblos azotados por el modelo imperialista neoliberal y por la corrupción de los gobiernos, estallaron en levantamientos, de carácter indígena, como en Ecuador y Bolivia; en Venezuela, con el llamado Caracazo de 1988, en el que se gestó el actual proceso revolucionario de ese hermano país. Con estos levantamientos despegó una nueva oleada de insurgencia popular, inicialmente más espontánea, que poco a poco fue siendo más conducida por los revolucionarios.
En Colombia, la Conferencia de las FARC en 1993 concluyó el proceso en que venían de tomar distancia con la forma tradicional de construir partido y ejército. En este evento tomó fuerza la posición más ligada a priorizar el desarrollo militar y más inclinada a pensar que las coordinaciones con otras fuerzas, es más lo que desgasta a las FARC, que lo que le favorece.
En Urabá se vivió el fracaso del ascenso revolucionario de la década anterior y la instauración de un enclave de ultraderecha, por medio del descabezamiento del movimiento popular, la desmovilización de la mayoría del EPL y lo que es más grave, a la alianza entre los desmovilizados con los paramilitares; empujada esta por la confrontación militar a que llegaron las FARC y el EPL, en su disputa por esta zona.
El ascenso revolucionario de los años anteriores, incubó varios factores de crisis que salieron a flote en este momento:
* Por el nivel de fuerza revolucionaria que se acumuló, se extendió la creencia que ya se había llegado a ser Estado o ‘zona liberada', por lo que los desarrollos revolucionarios se hicieron sin el debido secreto, con lo que más adelante no resistieron la avalancha del terrorismo contrainsurgente.
* El poco talento para resolver conflictos intestinos de la insurgencia, desgastó esfuerzos que pudieron ahorrarse, para dirigirlos en contra del enemigo real.
Los anteriores problemas producidos en medio del desarrollo de la insurgencia, se tornaron críticos debido a la contraofensiva enemiga de terror generalizado, publicidad reaccionaria y compra de conciencias. Así, aparecieron signos de crisis de dirección revolucionaria, por la superposición de problemas como, la falta de maduración de las fuerzas insurgentes, la ofensiva oligárquica, y por los efectos de la defensiva mundial en que estaban las fuerzas socialistas y progresistas.
En el ELN, el ascenso lo cerró el Plan de ofensiva táctica realizado en coincidencia con los 500 años de resistencia a la invasión y colonización. Su realización fue una respuesta acertada a la Guerra integral de Gaviria, la que también produjo desgastes, en las partes del ELN, que lo desarrollaron como una insurrección y en donde se prolongó este esfuerzo militar, más allá de lo que permitía la fuerza.
Este segundo momento de crisis se precipitó en el ELN, en medio del debate y separación en el 91, con la Corriente de Renovación Socialista.
Hoy podemos decir que quizás si se hubiese dado un tratamiento distinto, esta fracción habría arrastrado menos gente. Muchos de los que se fueron, en ese momento eran plenamente articulables al proyecto del ELN, y se habría aislado al núcleo más distante en lo ideológico, lo político y los comportamientos.
La mejor respuesta para ese momento, hubiera sido, mantener sin ninguna ambigüedad el carácter insurgente y el compromiso pleno con la lucha armada, como se hizo, pero además, había que estar más abiertos a la lucha política de masas, a la confluencia, la lucha política amplia, al trabajo de masas en las ciudades, etc. También faltó haber hecho el esfuerzo por mejorar las costumbres políticas, para superar los rezagos existentes de grupismo y sectarismo.
El movimiento guerrillero, especialmente desde el gobierno de Samper (1994-1998), comenzó a perder legitimidad, fuerza política, simpatía en el campo popular y los sectores medios. Le echaron y se echó la opinión del país encima. Progresivamente se debilitó su articulación con el movimiento de masas y las organizaciones populares. Se dejó desprestigiar, deslegitimar, sacar de los espacios de la lucha ideológica y de masas.
No logró la insurgencia que las gentes percibiesen sintonía entre sus intereses y reivindicaciones, con los propósitos y la lucha guerrillera. El enemigo logró mostrarla ajena a los deseos y futuro de la mayoría de los colombianos.
En las filas insurgentes se aprestigió el enfoque de la unilateralización del factor fuerza en la conquista de legitimidad. Ésta, se asimiló unilateralmente más a hechos de fuerza, armas, imposición y coacción. Se subvaloraron las alianzas, se minimizó la búsqueda de consenso con las mayorías, se dejó de lado la articulación voluntaria guerrilla-masas y la participación del pueblo en la lucha.
Ante la arremetida imperialista de guerra sucia, la insurgencia se separó de las luchas de las masas, le quitó sustento y apoyo a los medios de lucha popular, que consideró agotados. Este divorcio, debilitó la resistencia popular e insurgente, a la ofensiva contrarrevolucionaria que debió confrontarse.
La legitimidad de la insurgencia se desgastó en las conversaciones que realizó con el gobierno de Pastrana (19982002). En El Caguán y en el Sur de Bolívar, las FARC y el ELN respectivamente, en su debate con el régimen trataron de desarrollar un enfoque de la paz, como un esfuerzo por las transformaciones democráticas, pero el gobierno terminó por confinar estos diálogos, a la puja por cosas menores, desligadas del sentir popular y nacional.
En el caso particular del ELN, nos dejamos reducir principalmente a la confrontación militar, a una acción política muy circunscrita a los espacios de diálogo y a un accionar que en muchos casos nos restaba simpatía y comprensión del mismo pueblo. La lucha política se encasilló en los diálogos con el gobierno. No exploramos, ni nos metimos suficientemente en muchos otros escenarios de la misma.
En los años 90, en América Latina, los Estados Unidos impusieron el Neoliberalismo, en alianza con gobiernos oligárquicos y corruptos. En ese contexto la respuesta popular no se hizo esperar y estallaron levantamientos en Ecuador, Venezuela, Argentina, Brasil y Perú, que produjeron hondas remezones y caída de gobiernos. En esta resistencia antiimperialista también se destaca la lucha insurgente de Colombia y México. Así mismo, el pueblo cubano logro resistir al recrudecimiento del bloqueo imperialista.
La intervención militar imperialista, logra el genocidio de la oposición por parte del paramilitarismo y con el Plan Colombia, apunta a la destrucción y al aniquilamiento de la guerrilla, como oposición real a sus planes; se encamina a neutralizarla militarmente, restarle desarrollos, marginalizarla, quitarle basamento social, económico, político y de masas. Es decir a derrotarla, a debilitarla y así, obligarla a negociar en condiciones harto desventajosas e imponer de nuevo su propio proyecto.
En medio de la crisis del país surgió la propuesta del ELN, de Convención Nacional, como espacio para acordar soluciones a la crisis del país y como medio que posibilita el protagonismo de la sociedad en la determinación de los destinos de Colombia. Dentro de un esquema de diálogo, que no implica la desmovilización insurgente y que va más allá de ser un pulso aislado entre la guerrilla y el gobierno.
Con la idea de paz, como las transformaciones que requiere Colombia en términos de justicia social, democracia y soberanía, la insurgencia colocó otros referentes ideológicos ante el país y la comunidad internacional sobre la Solución política del conflicto, distinta de la idea de pacificación y capitulación que promueve la oligarquía. Con ello, la interacción política internacional de la insurgencia, ha logrado un mayor alcance, en los momentos de diálogo.
La construcción de un Consenso nacional por la Solución política del conflicto se ha favorecido con los distintos momentos de diálogo desarrollados desde 1991. En ellos se prefiguran destellos de lo que debe ser un Acuerdo nacional y popular por un nuevo país y de oposición al viejo orden imperialista-oligárquico.
La interlocución con el régimen con base en propuestas políticas afirma a la insurgencia como fuerza beligerante y reafirma el carácter político del conflicto interno, hecho que va más allá del acto formal del diálogo, porque en esencia es una constatación de la legitimidad de la insurgencia, como contraparte calificada que representa el interés nacional y popular.
La inmadures del pensamiento estratégico insurgente la ha llevado en varios momentos a exhibir poco realismo para valorar los alcances de la herramienta del diálogo, confiriéndole a veces más posibilidades de las que en si contiene, y otras veces ha subvalorado los riesgos que ella encierra como arma oligárquica.
La superioridad de las propuestas insurgentes se halla en la capacidad de interpretación del interés nacional y popular, aquí reside la fuerza y en ella está el vigor del diálogo. Verdad que le ha costado asimilar a la insurgencia, acostumbrada como está, a creer que su propia fuerza es el motor principal del cambio social.
Otra equivocación frente al desarrollo del diálogo ha estado en no saber dimensionar y articular suficientemente otros medios de lucha política e ideológica, tales como la creación de poderes alternativos, proyectar la explosividad social, incluir diversos sectores democráticos y forjar un bloque opositor, entre otros tantos.
“Unidos se avanza más”, es lo que demostraron las Rondas de diálogo conjuntas como Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, en medio de un plan de acción común e integral como guerrilla. Lo que requirió de tolerancia y flexibilidad para avanzar, de tal manera que cuando ellas faltaron, se agotaron tales Rondas.
La Reafirmación Actual

La insurgencia continua firme en los propósitos centrales de lucha y en sus metas estratégicas de Guerra de Resistencia, Poder Popular y Nueva Nación. Logra sostenerse y mantener la mayoría de sus acumulados, sobre todo los del campo. Conserva una columna básica de cuadros, las armas, un significativo volumen de combatientes, zonas geográficas y núcleos poblacionales, más la decisión de continuar en la lucha y lograr la conquista de sus ideales.
En este balance de medio siglo de luchas libertarias el ELN ha aprendido a valorar que son las luchas del pueblo organizado quienes están pariendo a la Nueva Colombia y que su aporte como vanguardia, es un componente más de tal esfuerzo revolucionario.
Hoy tratamos de integrar las luchas urbanas y las rurales, como un solo bloque de resistencia, ante el saqueo y agresión imperialista y oligárquica. Buscamos integrar y proyectar la lucha de resistencia de las masas, junto a la que adelantamos como guerrilla.
En la descomunal batalla que libramos como pueblo contra el imperialismo, ha sido decisivo el desarrollo del Poder Popular, en toda su dimensión.
Destruir el viejo orden y construir el nuevo poder, ha sido la constante de nuestros sueños, dentro de la idea que el poder, tanto se asalta, como se construye. El empeño sigue centrado en enraizar los nuevos valores e instituciones democráticas, socialistas y libertarias, que reemplacen desde ya al retrógrado sistema imperante.
La insurgencia lucha con la idea de aportar a desarrollar una propuesta de Nación, para crear las condiciones hacia el nacimiento de un Nuevo Gobierno de Nación, Paz y Equidad, que transite hacia las transformaciones estructurales, en vía al Socialismo.
Mantenemos nuestra política de deslinde categórico con el narcotráfico, que ha contribuido a ser una fuerza legítima, en el contexto nacional e internacional.
En su interacción con las capas medias el ELN busca interpretar su sentir y actuar en correspondencia a ello, pero falta aún un trecho para hacer realidad esta aspiración.
El desafío más claro lo tiene la insurgencia, a la hora de articular la tradición guerrillera, con los ajustes necesarios para adecuarse a la nueva correlación de fuerzas, que impone la contrarrevolución.
Otro reto está en la búsqueda por lograr la unidad insurgente, partiendo del hecho que las organizaciones, tenemos un norte socialista común, pero tenemos historias distintas y debemos confluir en servicio de los intereses del pueblo colombiano; para lo cual hay que dejar atrás visiones vanguardistas y de anexión. El plan del imperialismo y la oligarquía está concentrado en la conspiración, para que esta confluencia nunca ocurra y la división se perpetúe.
En su ascenso por constituirse en una vanguardia colectiva que incluya e integre los esfuerzos democráticos y revolucionarios, la insurgencia aún esta a mitad de camino y al interior de cada organización existe diversidad de posiciones ante este crucial problema. Este factor depende de una acertada política, indispensable para construir la unidad popular, que demanda esta lucha de liberación y de resistencia anti imperialista.
Nos falta madurar para llegar a ser en realidad, una vanguardia que incluya, recoja y proyecte el sentir de las mayorías nacionales. Para lograrlo hay que cambiar la forma desarrollada hasta ahora de ser vanguardia; hoy el liderazgo de la marcha del pueblo colombiano, por la conquista de sus intereses, va más allá de del mero componente insurgente y debe incluir a los mejores esfuerzos de la izquierda, revolucionarios, demócratas y patriotas.
Hasta ahora ha sido importante como metodología para avanzar en la unidad popular e insurgente, las herramientas de la unidad de acción en todos los campos y la lucha ideológica, entre las distintas organizaciones revolucionarias colombianas.
La unidad llegará el día en que nos reconozcamos como proyectos diferentes y cuando logremos confluir en un solo proyecto de nuevo país, que se desarrolle en las luchas sociales, del movimiento político alternativo y en las luchas de resistencia antioligárquica y antiimperialista.
Los Genes Rojo y Negro

La continuidad y capacidad de adaptación desarrolladas por el ELN, en este medio siglo de lucha, se pueden explicar a partir del manejo de varias contradicciones fundamentales. Estas contradicciones gestan el avance del ELN, en su marcha por desarrollar el Poder Popular, como garantía para la construcción del Socialismo.
La sintonía de la lucha armada con la lucha social y política
Se constata en la vida del ELN, que cuando se ha logrado sintonizar la lucha armada, con la lucha social y política se logran buenos desarrollos y cuando se ha unilateralizado el esfuerzo hacia un solo lado, han sobrevenido momentos de dificultad.
La mentalidad de poder del ELN se nutre con esta contradicción, sobre la base que tanto la lucha social y política, como la lucha armada se complementan y todas son instrumentos del pueblo, para lograr su liberación.
La lucha por metas intermedias, como fases de avance que aproximan el logro del objetivo socialista, involucra a todas las formas de lucha.
Aprender de otros y racionalizar la experiencia propia
No es posible hacer revolución en Colombia, sin aprender de la lucha de otros pueblos, pero en algunas ocasiones tal aprendizaje, ha sido afectado por la copia unilateral de aspectos resaltantes de otras revoluciones.
La integración de la experiencia propia, como racionalización de la lucha colombiana, con las enseñanzas de la lucha de otros pueblos, es el acto creativo en donde ha nacido la estrategia revolucionaria, indispensable para conducir a este pueblo hasta la victoria.
El esfuerzo por dejar de copiar y tratar de crear, unido al acto de reflexionar autocríticamente sobre las luchas realizadas, le ha permitido al ELN superar sus momentos difíciles.
La teoría revolucionaria como síntesis de las luchas de los pueblos, ha sido parte de la guía que conduce al ELN. Del pensamiento revolucionario latinoamericano se ha nutrido, así como del Marxismo Leninismo, ambas fuentes han sido decisivas para el desarrollo de toda la línea política.
De estas fuentes se apertrecha el ELN para asumir sus principios organizativos, su carácter como Organización Político Militar, su Estrategia, Táctica, Programa y su más valioso planteamiento estratégico, como es el desarrollo del Poder Popular.
Se ha remontado positivamente el reto de la cabal articulación de la militancia de los cristianos revolucionarios, con el carácter Marxista Leninista del ELN.
La apreciación de la realidad nacional y el desarrollo de la línea para la revolución
De la percepción y análisis hechos de la realidad nacional, ha dependido una parte de las orientaciones que ha trazado el ELN. Cada vez que se hizo una apreciación incorrecta, ello desembocó en periodos de actividad desenfocada y por el contrario, cuando las apreciaciones han sido certeras, el accionar subsiguiente fue atinado y eficiente.
El caso más resaltante sucedió con la caracterización del periodo como prerrevolucionario, hecha en el 86, con lo que se guió el auge de los años siguientes. Ya es el Tercer Congreso Nacional de 1996, quien caracteriza el periodo como contra revolucionario.
Otro desfase ocurrió con la percepción tardía, que se hizo del cambio sustancial que sufrió la correlación mundial de fuerzas con el imperialismo, a raíz del desplome del Campo socialista. No hacerla a tiempo, a principios de la década de los 90, contribuyó a la prolongación innecesaria del sobreesfuerzo ofensivo en que venía el ELN.
Más adelante, en el 96, al asimilar lo que estaba costando la ofensiva contrarrevolucionaria, se cambió la caracterización del periodo, pero la orientación táctica que venía, permaneció inalterada en lo referido a tratar de dar un salto militar. Lo que si cambió, fue el esfuerzo dedicado a la lucha urbana, porque se ordenó equivocadamente el repliegue hacia los espacios rurales de lucha.
En donde ha sido más palpable la percepción acertada de la realidad nacional, fue en el planteamiento de Nuevo Gobierno, Convención Nacional, diálogo, solución política del conflicto y la construcción de un Consenso nacional, que significó una notoria flexibilización en la táctica del ELN, sin que implicara dejar de lado la lucha de resistencia, como fuente de legitimidad revolucionaria.
Al desenfoque de la orientación táctica, también ha contribuido el legado radicalista y voluntarista, propios de las conductas contestatarias, arraigadas en la izquierda desde los años 60 y 70.
Confluir y desarrollar identidad propia
El poder del pueblo es esencialmente una fuerza colectiva, por lo que se debe complementar la confluencia con otros y la construcción de identidad propia.
La construcción de poder y autoridad, como un acto de servicio al pueblo, hecho en equipo, en colectivo, es la enseñanza que se condensa en la concepción actual del ELN, sobre la manera de cumplir con la tarea de dirección.
De la misma forma, en la línea de construcción de democracia, se sintetiza lo que ha aprendido el ELN sobre autogestión popular, participación de las masas y educación crítica.
Un esfuerzo sensible ha sido el que se ha hecho por ganar una plena centralización política del ELN. Lo más arduo de la labor cohesionadora, ha sido la integración de los modelos regionales de acumulación de fuerzas, que se desarrollan a nuestro interior, a manera de réplica de la arraigada cultura de regiones que existe en Colombia, la cual es tanto reto como riqueza, a la hora de configurar la identidad nacional.
La centralización nacional del ELN depende de la integración de las regiones con lo nacional, lo que significa ante todo que cada región aporta su experiencia a las otras, a la vez que aprende de ellas. El avance ha sido notorio, acompañado de una clara tendencia, a completarse con agilidad el proceso de conformación de la identidad nacional Elena.
La actitud positiva que ha ido ganando el ELN ante la resolución de problemáticas de disputa y división entre las fuerzas revolucionarias, le permite reaccionar cada vez mejor ante estas contingencias de la lucha.
Se nota esta mejoría, al comparar la conducta desarrollada ante cada una de estas problemáticas, en la que cada vez es menor el trato, como si fuese una contradicción antagónica, lo que permite posteriormente, recuperar niveles de unidad de acción con dichos fraccionamientos, lo que en últimas favorece, que estos grupos se mantengan en el campo revolucionario.
También es necesario advertir la coincidencia que existe, entre la ocurrencia de estas fracciones, con el tránsito por momentos de crisis.
Como vemos, son múltiples las enseñanzas obtenidas a lo largo de la lucha, que nos han permitido madurar y ganar experiencia junto al pueblo y ponernos a la altura de los nuevos retos del presente y del futuro.

“¡NI ENTREGA, NI RENDICIÓN: SOLUCIÓN POLITICA PARA EL PUEBLO Y LA NACIÓN!”
COMANDANTES MANUEL PÉREZ MARTÍNEZ Y OSCAR SANTOS
IV CONGRESO DEL ELN
POR UN NUEVO GOBIERNO DE NACIÓN, PAZ Y EQUIDAD.
Montañas de Colombia, julio 4 de 2.006
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